Hoy nos reunimos por la mañana Sagar, Lapin y yo en el Zoo de Barcelona para dibujar algun animalillo. El dia era frio, y despues de un buen cafe empezamos a dibujar gorilas, a primera hora, con las manos frias y con el movimiento del gorila la cosa se complica un poco. Despues me quede con Lapin dibujando cocodrilos y algun lagarto, y por ultimo dibujamos al rinoceronte blanco. Una vez dibujado y dado color, Sagar decidio tunearlo y dejarlo como si en vez de en el Zoo de Barcelona, estuviera en las selvas de Borneo. Un lujo de jornada.
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martes, 13 de diciembre de 2011
martes, 6 de septiembre de 2011
Cuadernistas ilustres
Jordi Sabater se formó como naturalista sumergiéndose en la fauna con pasión: fueron notables sus estudios de los pájaros mieleros y de los anfibios, en particular la rana goliath, la más grande del mundo. Paralelamente, documentó las costumbres de los fang, de cuya cultura dejó el sensacional testimonio de sus dibujos de los tatuajes faciales de los clanes. La habilidad con el lápiz y las acuarelas le acerca al gran modelo del naturalista clásico. Sus maravillosos dibujos, que adoraba, especialmente los bocetos de animales, son quizá su mayor legado. En 2000 había donado a la Universidad de Barcelona (UB) su archivo personal, con más de 2.000 dibujos, 4.000 fotos y numerosos objetos etnográficos.
El gorila blanco irrumpió en su vida de forma casual. Un guineano llevó la cría arrebatada de junto al cadáver de su madre en un saco al centro que el Zoo de Barcelona poseía en Ikunde y ofreció vendérsela a Sabater Pi, que trabajaba allí. El naturalista se dio cuenta en seguida de que se trataba de un ejemplar único, pero también de que estaba en muy mal estado. Pagó a la baja -15.000 pesetas de entonces- por el gorilita blanco sin darse cuenta de que ese rescate, que libró al bicho del puchero fang, uniría inexorablemente sus vidas.
"Copito era un gorila tonto; como las personas, hay gorilas listos y tontos, y él era de los tontos pero aun asi ha tenido una buena vida, mejor que la de muchos humanos", comento Sabater tras la muerte del gorila.
El gorila blanco irrumpió en su vida de forma casual. Un guineano llevó la cría arrebatada de junto al cadáver de su madre en un saco al centro que el Zoo de Barcelona poseía en Ikunde y ofreció vendérsela a Sabater Pi, que trabajaba allí. El naturalista se dio cuenta en seguida de que se trataba de un ejemplar único, pero también de que estaba en muy mal estado. Pagó a la baja -15.000 pesetas de entonces- por el gorilita blanco sin darse cuenta de que ese rescate, que libró al bicho del puchero fang, uniría inexorablemente sus vidas.
"Copito era un gorila tonto; como las personas, hay gorilas listos y tontos, y él era de los tontos pero aun asi ha tenido una buena vida, mejor que la de muchos humanos", comento Sabater tras la muerte del gorila.
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